Besitos dulces, amargos, tiernos,
apasionados, fingidos, sacrificados… que infinidad de sabores se desprenden de
ese pequeño acto, tan insignificantes; pero que a su vez tan elaborado y
difícil de percibir todas aquellas sensaciones.
De ese roce, suspiro y carencia se anhelan tantos sueños y se
requieren tantas necesidades como sólo el chocolate puede despertar. Ese pequeño trozo de un
singular sabor despierta y alegra cualquier alma human, que empieza por
nuestros labios y termina en nuestros corazones; logrando así suspirar por un
pequeño y delicioso trozo de chocolate.
