Así como todo comenzó, de la
misma manera termino. Era un domingo como todos los que suelen ir y venir, las
actividades de ese día se realizaron sin ningún contratiempo, los comentarios de
sueño y cansancio no se hicieron esperar y el desayuno más largo de la semana
se degusto de una manera muy peculiar. Un extraño sonido se escuchó en una habitación,
era el timbre de un teléfono y la voz que emanaba era de un extraño pero que a
su vez era tan familiar y el dulce tono de su voz pude reconocer.
Se había formulado un encuentro
furtivo, para que dos personas pudieran reencontrarse y conversar esos meses de
ausencia. Las adversidades y los contratiempos tocaron la puerta y fue imposible
esa cita, que no era de amor, pero que proyectaba un pacto más allá de la
amistad. Ese encuentro fue consumado, no en esas circunstancias pero con una alegría
y una sorpresa que ni un niño en día de reyes pudo sentir por el regalo
deseado.
Al pasar de los días ese encuentro
no fue el indicado, no fue el deseado, ni mucho menos el esperado,
las cosas cambiaron y las circunstancias tomaron otro color.
Una tarde el encuentro era mi
esperanza, mi ilusión y mi anhelo, pero
no conté que solo yo, no puedo hacer que un barco flote por sí solo. Las horas
pasaron y todo se tornó más gris, la decisión estaba tomada, todo había terminado.
Aún tengo presente en mi mente esas palabras tan dulces de cuidado, amor, búsqueda
y cariño que dije a esa persona amada, ese nudo en la garganta que no pude evitar,
esas lagrimas que por dentro sentía pero
que pude contener, esas caricias que mis manos expresaban y que sabía que serían
las ultimas, ese aroma que es incomparable, esas canciones tan oportunas y esos
besos llenos de nostalgia.
Que gran suspiro por tu ausencia,
y consternación por tu despedida…